En el pueblo pampeano de Guatraché, en la provincia de La Pampa, se encuentra la colonia menonita Nueva Esperanza, un lugar donde el tiempo parece moverse a un ritmo distinto al de la mayoría de las comunidades. El domingo 8 de febrero de 2026, a casi las 20 horas, el reloj de la colonia marcaba un momento de profunda tristeza para María Unger Reimer, una mujer que decidió escapar de esta comunidad.
María, de 34 años, tiene un moretón en el ojo, piel blanca, pelo rubio y ojos cansados. Su voz es baja, pero cada palabra que pronuncia revela una historia de violencia, explotación y un peligro que no se ve en las calles normales. Su denuncia, presentada ante las autoridades, describe un entorno donde el tiempo se mide en horas de trabajo y no en horas de vida. En Nueva Esperanza, las mujeres no solo enfrentan abusos dentro de las familias, sino también dentro de las estructuras sociales que conforman esta comunidad.
Los menonitas, una comunidad religiosa que se originó en Europa hace 500 años, siguen las enseñanzas de Menno Simons, un religioso anabaptista que fundó el movimiento. En la colonia menonita Nueva Esperanza, se encuentran características como calles arenosas, campos infinitos, molinos, vacas holandesas, tractores con ruedas de hierro y carros que se llaman 'boogies'. Sin embargo, detrás de esta apariencia tranquila y rústica, se oculta una realidad de explotación laboral y violencia física. Los hombres de la colonia, en muchos casos, se encargan de la mayor parte del trabajo en el campo, mientras que las mujeres están obligadas a trabajar en la cocina, limpiar y cuidar de los animales, lo que genera una situación de desigualdad.
Según la denuncia presentada por María Unger Reimer, su exmarido habría intentado abusarla y, además, la comunidad entera parece estar involucrada en un sistema que no solo afecta su bienestar físico, sino también su capacidad para vivir con libertad. En el contexto de la colonia menonita, la familia y la religión son prioritarias, pero en este caso, la violencia ha llegado incluso a los límites de la vida cotidiana. El hecho de que María tuviera que escapar de la colonia, donde se basa en la producción agrícola y el trabajo en el campo, indica un problema que va más allá de lo que se percibe en el día a día.
El problema no es solo individual: María no es la única mujer que enfrenta este tipo de situaciones. En las colonias menonitas, el sistema laboral y social está estructurado de manera que las mujeres son las responsables de la mayor parte de las tareas domésticas y del trabajo en el campo. Además, en muchos casos, las mujeres son obligadas a trabajar en el campo sin recibir salario, lo que genera una situación de explotación laboral.
La comunidad menonita, aunque tiene una identidad religiosa y cultural definida,